Sintiendo…

Influencias, enseñanzas, aprendizajes y  muchas vivencias son las que pintores mexicanos han experimentado en la academia italiana del siglo XIX, impregnándose de su esencia, por vivir allá en la Italia o por aprender acá en San Carlos y viceversa; además de estupendas aportaciones de grandes artistas de quienes se aprendieron de ellos en la academia mexicana, un encomiable intercambio entre Roma y México del siglo XIX que podemos descubrir y gozar, en un recinto que es más que un templo de amor al arte.

¿Qué, qué me pareció esta manifestación de arte pictórico?, ¿qué …qué sentí al contemplarla?… 

Y la mirada se inclinó hacia el corazón, quedando callada…, y de nuevo vi mis pasos en la sala, danzando en emoción, descubrí el amor en esa deliciosa piedra de mármol de Carrara, corazón tenía y si, cobraba vida narrando un amor, Helena y Paris (El Rapto de Helena de Antonio Solá), entre el desnudo y sus transparencias la sentí…;reviví mi corazón estrujado en esas escenas de dolor de un diluvio universal, ( Episodio del Diluvio Universal de Francesco Coghetti ), con gran maestría y mucho sentimiento el artista narra  a unos padres que sufren la trágica pérdida de sus hijos, qué drama en esos pies desvanecidos,  en esa pálida piel y en ese viejo rostro lleno de angustia asiéndose a la piedra, en la desesperación retratada magistralmente y con todo detalle, sí, lo viví como si fuera yo en ese aciago momento…

Recreé esos momentos de asombro cuando la batalla fue narrada,  cuánta descripción de un episodio de la Batalla de Constantino ( La Batalla de Constantino de Giulio Pippi ), que me embargó la pasión por la fuerza de la lucha, la entrega, la gallardía y la gloria de un hombre y la sangre a sus pies, qué imponente propuesta de este pintor.

La Batalla de Constantino de Giulio Pippi
La Batalla de Constantino de Giulio Pippi

Sonrieron mis labios al recordar mi gesto de admiración , cuando descubrí la impetuosidad del artista en la creación de una obra que se abre sin imaginar lo que esconde en esos ínfimos detalles que están detrás de su perfección, ya que es en realidad un micromosaico de colores, que hacen una pintura extraordinara de la Plaza de San Pedro, sobre cemento y madera ( Plaza de San Pedro en Roma de Luigi A. Gallandt de Ippolito Caffi ).

Plaza de San Pedro en Roma de Luigi A. Gallandt de Ippolito Caffi, 1858

Me vi de nuevo absortamente atenta a retratos que narran vida entre encajes, vi al artista captando hasta la mínima minucia de un bordado, de una joya, de un talle, de esos señores de antaño ( Retrato de Ana García Icazbalceta, esposa del arquitecto De la Hidalga, de Pelegrín Clavé)…; Se mojaron mis ojos al observar de nuevo en mi evocador pasaje, la mirada perdida de un niño en un muy sentido ataque, esa mujer que se lamenta el dolor de la matanza y el hombre yacido…

Me detuve de nuevo en esta semblanza, ahí, en el medio de la sala, sola ahí, sin nadie, y la imagen de Isabel y su locura me abrazaron a un tiempo, mientras la vista se posaba en ese dedo que señalaba el lugar vacío, en ese lugar del muerto que la acosaba, dando miedo, dando desesperanza, y sentí verdadera locura en esos ojos, en sus claroscuros, y en la luz que la colocaban dentro de su digno linaje (Demencia de Doña Isabel de Portugal de Pelegrín Clavé y Roque)… 

Demencia de Doña Isabel de Portugal de Pelegrín Clavé y Roque, 1880
Demencia de Doña Isabel de Portugal de Pelegrín Clavé y Roque, 1880

¿Qué, qué  sentí?… ¡todo sentí!…, hasta ese cuadro que mezclaba paisajes, en la libertad de un pintor que solo vaciaba su alma en sus memorias, en los recuerdos de un México que vivió y que para él, así existió (Hacia el Pico de Orizaba de Carlo de Paris)… 

Y vi todo y sentí mas, sentí sin hacer alarde de sus maravillosas técnicas y manejo de símbolos que hacen exquisita esta muestra.

Un diáfano diálogo entre grandes de la pintura clásica como Eugenio Landesio, Juan Cordero, Pelegrín Clavé, en esta  exposición Roma en México/ México en Roma, la cual además hace la recuperación de muy buenos artistas mexicanos como Tomás Pérez, Primitivo Miranda, Tiburcio Sánchez y Epitacio Calvo, así como de los italianos Francesco Coghetti, Francesco Podesti y Giovanni Silvagni, quienes enviaron a la academia mexicana imponentes cuadros que ilustraron en las aula mexicanas la manera en que se enseñaba a pintar en la academia romana. 

Así expresó la directora del Museo Nacional de San Carlos, “Los modelos europeos eran los que regían la estética del siglo XIX y aquellos estudiantes que eran becados para ir allá, eran privilegiados porque crearon trabajos con los rasgos académicos  acentuados en Europa, pero evidentemente en los que México también se impone”. 

Así se hizo pues, entre  Italia y México, un sorprendente intercambio de obra académica que a mí me deslumbró, y me permití desmembrar las obras que simplemente me fascinaron, de acuerdo a la muy buena explicación que nos diera nuestro guía en el muy neoclásico Museo Nacional de San Carlos, en donde se encuentra esta exhibición que se integra por 93 maravillosas obras de arte de la plástica a través de la Academia de San Lucas de Italia.   

Disfrútenla ustedes …

…Vivir una exhibición en un lugar lleno de vibra ancestral artística, es un vivir más que arte… 


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