Desahogos Poéticos.

Porque en el haber adolescente siempre se esconde ese sentimiento enamorado, quizá tonto, quizá lleno de admiración que se confunde y se entrega. Se entrega a ese adorado maestro que nos llena con su embeleso, con su cátedra amorosa, con sus roces, con su dulce seducción en la enseñanza, pero de igual manera nos atrae su dominio, su disciplina y su exigencia, algunos por lograr lo mejor de cada alumno, algunos por su búsqueda de la perfección en lo que moldean.

Hacia La Torre, Remedios Varo

En el haber adolescente hay impresiones, imágenes etéreas, y huellas que deja un maestro, (hombre o mujer qué importa), hay reconocimientos por su ser y/o por su enseñanza, que hablan por si solos cuando ya se hallan tatuados en el alma, por lo que fueron, por la experiencia que enseñaron, por lo que brindaron, por lo que se recuerda hasta el ocaso.  En esa labor también hay esa conexión que enajena, que se ama, que se desea, pero que no siempre se da en clase, esa labor que no solo se le deja al docente, sino al maestro de la vida, que motiva, que asombra y a veces de miedo vence, que aún así se aprende. 

Atrapando el conocimiento, artesanía por Titus Sol

Esos maestros son como líderes que conducen y a veces, hasta de sus seguidores se aprovechan, y aun así se agradece.

Y así mi desahogo poético.

Gracias, aprendí.

En un torbellino de emociones viajo en el tiempo, ya llego…
A lo lejos, los sorbetes con sus campanitas sonando y mi corazón saltando,.
Siendo doncella era una maravilla danzar, 
erguida, delgada y bella a tus ojos...
Para ti, la mejor entre todas,
me lo decía tu roce y tu suave mirada…

A tu presencia nunca faltaba,
mi orgullo se doblegaba cuando tu voz me mencionaba 
Un adonis entre tantas y yo humilde discípula te observaba, 
mas me erguía y entre mis pasos equivocarme no me permitía, 
única a tus gustos yo deseaba,
y mi inexperto corazón lo negro de los celos enfrentaba... 

No era la única y más luchaba,
peleaba en mi cabeza con mi cuerpo 
en búsqueda de la ansiada perfección que anhelabas ..., 
más me deshacía en esfuerzo, 
sabiendo que a tus ojos 
solo significaba una más y con eso me conformaba

Pero el tiempo me llevo a tus besos y tus brazos, 
Increíble para mi corazón, lo dudaba… 
¡Lo logré! , fui tuya y tú mío y contigo de tu mano andaba...
Pero… el miedo arrogante de frente llegó, 
de rostro a rostro me empujaron a creer que yo era nada,
ese miedo desconsiderado y torpe 
obligó a mi corazón a no volver a dar la cara... 
Me invadió el miedo y el cerebro se obligó con la razón, 
a abandonar por siempre toda esperanza ...

Si tan solo hubiera escuchado esas dos palabras 
mi ardiente fuego con espada desenvainada y escudo en pecho
al miedo le hubiera dado batalla ...
Y en ese torbellino que aún me envuelve  
de un viaje en el tiempo mi corazón se enciende y vibra al leerte ... 
Gracias por tu amor que no supe entender 
mi eterno maestro a quien he llorado y amado por siempre. 

Lydia Irma León Lemus
Bailarina, artesanía por Titus Sol

Deja un comentario