Dejó de ser un pendiente… ¡Ya es un hecho!,

Rivera, La Mujer Verde, 1916
Siqueiros, Niña Madre, 1956

Desde niña me han impactado y gustado las fuertes narrativas sociales que se dejaban ver en los murales que en mi ciudad mexicana me rodeaban, gran idea fue esa la de José Vasconcelos, de dar los muros y así hacer promoción visual narrativa de una historia, de una sociedad real, sin tapujos; conocí así, sin saberlo, la imponente e impactante fuerza discursiva de David Alfaro Siqueiros en un Polyforum, con “La Marcha de la Humanidad”, la cual me originó una conciencia ruidosamente curiosa y un constante movimiento mental que me empujaba a saborearlo pidiendo más de él. Conocí la cruda crítica, con expresiones que ahogan, en la tradición satírica del «Goya Mexicano», llamado así a José Clemente Orozco, por sus rasgos amenazantes dentro de la tragedia y el heroísmo que conforman la historia mexicana, con una oscura vibración humana que estruja y violenta el espíritu de quien lo contempla, en ese diálogo que asusta y contrae, como en su obra “Katharsis” en el Palacio de las Bellas Artes. Y qué decir de Diego Rivera, a quien me detuve en una revisión infantil, porque fue cuando lo descubrí, me llenaba la cabeza de ideas social-locas las que me hicieron querer saber más de mi patria; hice escrutinio de sus expresiones históricas a mi corta edad, palmo a palmo, cada muro de la Aduana Virreinal, hoy en día el precioso edificio que ocupa la Secretaria de Educación Pública, ahí, Diego dio vuelo a su ingenio creativo expresionista, muy didáctico para mí, insisto, a mi corta edad, y para muchos que permanecen analfabetas y que, aunque enoje en la tumba a estos tres grandes, Dios bendito quiera, durará hasta que la tierra aguante…

Rivera, El Arquitecto, 1915-16
Siqueiros, Pedregal con Figuras, 1947
Orozco, Mujeres I, 1935

Pues sí, ya los tenemos aquí, a la vista, para tener la satisfacción de desmenuzar, de escrutar, de fascinarnos y hasta de dialogar con el artista en cuanto a su mensaje. Son 169 obras entre óleos, litografías, y tintas de este magnífico grupo de tres, que estuvieron guardadas a la avaricia de la censura y a los tiempos de los amenazantes cambios políticos en los cuales la Colección Carrillo Gil estuvo en peligro.

Orozco, Los Teules, 1947

Han pasado 45 años de que la exposición quedó pendiente, pues el 13 de septiembre de 1973 se debía inaugurar bajo el título de Orozco. Rivera. Siqueiros. Pintura Mexicana junto a una muestra de artesanías en el Museo Nacional de Bellas Artes de Santiago de Chile, en conmemoración del tercer aniversario del gobierno de la Unidad Popular, presidido por Salvador Allende pero el cruento Golpe de Estado, que el 11 de septiembre de 1973 comandó el General Augusto Pinochet impidió que se pudiera realizar la exposición de estas magníficas obras de arte mexicanas, quedando pendiente. Así fue, que bajo difíciles condiciones y corriendo muchos riesgos, las piezas pudieron rescatarse para ser repatriadas quince días después, luego de los 350 exiliados, entre los que se encontraban la viuda y las hijas del asesinado presidente Allende.

Siqueiros, Casa Mutilada, 1950
Orozco, Prometeo,1944
Siqueiros, El Pedregal, 1946

Y Como un hecho tangible, están varios óleos cubistas de Rivera, como “Maternidad”, “Mujer en Verde”, “El Arquitecto”, así también algunos cuadros icónicos de Siqueiros, como “Torso Femenino”, “Zapata”, Casa Mutilada”, “El Pedregal con Figuras” y las inconfundibles representaciones históricas y mitológicas de Orozco, “Los Muertos”, “Las Masas”, “Prometeo”, “Los Teules”, “Cristo Destruye su Cruz”. Obras que nos enmarcan los rasgos de una época pos revolucionaria a través de su estilo único que ha sido creado por estos rebeldes artistas de la plástica de esa época. También han incorporado documentos históricos, materiales audiovisuales y fotografías para reconstruir las vicisitudes que se vivieron y el contexto de violencia en la que la Colección Carrillo Gil se vió amenazada.

Rivera, Mujer Sentada en Butaca, 1917
Orozco, Cristo Destruye su Cruz, 1943

Sin importar la tendencia o creencia ideológica que se tenga, considero que la obra de este grupo de tres es una manifestación pictórica que mueve e impacta con el uso de sus materiales, recursos e ingenio de estilo; el diálogo que promueve con el observante es a través de cada uno de los detalles y perspectivas de diferentes hechos crudos de la cotidianidad de la vida y la muerte , lo que provoca a cualquiera, creo yo, un sentimiento y actividad que revoluciona el espíritu y la mente. Esta es, para mi, una muestra cautivante, que hace surco en las venas más sensibles, de esas que se visten de hebras nacionales, de esas con flujo de sangre de lucha que riegan las raíces revolucionarias, sea el tiempo que sea, séase del movimiento que séase, imágenes que enervan la fibra más onda del descontento social, sea la época que sea…

«El Grupo de los Tres» en el Museo de Arte Carrillo Gil 

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